ANÁFORA DE LA FAMILIA

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA FAMILIA
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y, aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa del mañana.
Que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti.
Porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

Kahlil Gibran

YO iré donde tú vayas
y viviré donde tu vivas.
Tu pueblo será mi pueblo
y tu dios será mi Dios.

Libro de Ruth a, 16

Me he preguntado a mí mismo muchas veces:
¿yo amo a mis padres porque soy hijo suyo
o más bien soy hijo suyo porque los amo?
¿Y mis padres me amaron porque yo era hijo suyo
o se hicieron mis padres porque me amaron?

J.L. Martín Descalzo

Jesús se queda en el templo:

Sus padres iban cada año a Jerusalén por las fiestas de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años subieron a las fiestas según la costumbre, y cuando éstas terminaron, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que iba en la caravana, al terminar la primera jornada se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; y, como no lo encontraban, volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días lo encontraron, por fin, en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que lo oían quedaban desconcertados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron extrañados, y le dijo su madre:
-Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros?¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo!

El les contestó:
-¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?

Ellos no comprendieron lo que quería decir. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba en su interior el recuerdo de todo aquello. Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.

Lucas 2,41-52

P. Unamos nuestras voces para agradecer a Dios
este nuevo signo de gracia
que nos ofrece en la familia de Jesús.

A. Como se desploma el armazón de un viejo edificio,
la estructura de la familia patriarcal
se vino abajo con estrépito.
Sus raíces y valores permanecieron intactos
-como se mantiene firme el cauce del mar
bajo el cambio incesante de las olas-
mientras desaparecía su verticalidad dominante
y jerarquizada.

L1. Nacido en el contexto de una familia judía al uso,
todo en la familia de Jesús
parece desquiciado e invertido:
el día de la boda, cuando se aplastó la granada
sobre el umbral de su la puerta
para desearle abundancia de hijos a José y a María,
nadie podía imaginar lo que iba a suceder
con aquella joven pareja:
la bendición se concentró en un solo hijo,
que, ya desde sus primeros llantos,
era el más importante del hogar.
A su vez, el mayor papel de María, su madre,
desplazó a José al último lugar.
La escandalosa vida de Jesús se inició
proponiendo una alternativa en la familia.

A. Entre la fidelidad a las tradiciones patrias
y la ruptura que acompaña
a quien se sabe enviado de Dios,
Jesús iba creciendo en sabiduría,
en madurez y en gracia;
ofreciendo otro modo de ser
y de convivir en el mundo.

L2. La alternativa a la familia está en el amor:
no tanto en construir una casa
cuanto en edificar un hogar;
no tanto en contarnos las cosas, cuanto en dialogar;
más que en estar juntos, en que nos podamos reunir;
más que en prestarnos las cosas, en compartir.
En definitiva, más que en estar contentos,
en buscar juntos la felicidad.

A. Porque entre el dar y el recibir,
las dos cosas son la mejor;
el dar tiene su propio gozo,
al recibir le sigue la gratitud;
y, coronando estas dos pilastras del puente,
está el amor.
Reconociendo esta nueva oferta que nos haces
para la convivencia,
te cantamos, Señor: SANTO, SANTO, SANTO

P. La familia que se inaugura en Jesús nos remite
a la fuente de donde todo emana:
Dios es Padre y Madre de toda la humanidad;
todos somos sus hijos y en él
todos y todas hermanos:
nos conoce por nuestro propio nombre;
nos quiere y mima a cada uno;
y siente especial predilección
por los más pequeños y los más frágiles.

A. Creó en el universo un espacio, la tierra,
donde pudiéramos convivir;
nos dotó de unos medios de vida
para que pudiéramos compartir;
nos enriqueció con unas capacidades
para la donación y la gratuidad,
y nos estampó en el alma unas actitudes
para la confianza y la acogida.

P. Todo lo hemos recibido;
bajo la luz del Espíritu, todo es donación y gracia,
que debemos compartir.
A esto nos invitó Jesús en la noche de despedida.
Cuando tomó el pan en sus manos…

………………………………………….

P. Como José y María,
tampoco nosotros llegamos a comprender bien
lo que significan estos gestos
desde el punto de vista de Dios.
Como María,
los vamos conservando en la memoria,
mientras proclamamos
que éste es el sacramento de nuestra fe.

L3. La vida sería más fácil
si la familia estuviera dirigida
por un amor sencillo y espontáneo,
natural y diáfano, limpio y noble.
Pero el día a día nos va descubriendo
que no todo en ella es amor:
también existen en ella el desamor y el egoísmo,
el odio y la venganza,
la violencia y la muerte.

A. Haznos, Señor, instrumentos de paz:
que donde haya discordia, creemos nosotros unión;
donde haya ofensa, pongamos perdón;
donde haya odio, sembremos amor.

L4. Como las mismas personas, la vida de la familia
no puede prescindir de vivir hacia fuera,
ni renunciar a eso que parece más profundo y gozoso,
más creativo y duradero que es el vivir hacia dentro.
Renunciar a una de las dos dimensiones
es vivir a medias:
no vive bien hacia dentro
quien prescinde del ancho mundo que le rodea;
tampoco vive bien hacia fuera
quien renuncia a sus afectos y deseos,
a sus gozos y esperanzas.

A. Haznos, Señor, instrumentos de unión:
donde haya tristeza, pongamos nosotros gozo;
donde haya tinieblas, pongamos nosotros luz;
donde haya desesperanza, pongamos nosotros esperanza.

L5. “Mirad las flores del campo”,
dan y reciben gratis,
sin tanto-cuanto, sin chalaneos ni regateos:
reciben luz, calor, agua, frescura, admiración y cariño;
y dan belleza, aroma, colorido y alegría.
La lección de las flores es una bella sabiduría
para nuestra familia:
no todo lo que somos y tenemos
lo hemos pagado con dinero.
Dar y recibir gratis es estar abiertos a la vida.

A. Haznos, Señor, instrumentos que, como
la flor y la familia de Jesús,
reflejemos lo que tú has sido
y sigues siendo para nosotros.
Porque, dando, recibimos;
consolando somos consolados;
perdonando somos perdonados
y muriendo por los demás nacemos a la Vida.

P. Brindemos sin olvidarnos
de los otros estilos de familia que hoy existen
y que no siempre llegamos a comprender:

POR CRISTO…