ANÁFORA DE LA AUSTERIDAD

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA AUSTERIDAD
TEXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Palabras de Gandhi

Hay una relación muy estrecha
entre no tener nada y no robar nada.
En principio, lo que no se ha quitado a nadie
debe sin embargo calificarse de robado
si uno conserva su posesión sin necesidad.
Toda posesión supone que uno toma
sus previsiones para el futuro.
Pero el que busca la verdad
y desea seguir la ley del amor
no tiene porqué preocuparse del futuro.
Dios nunca atesora nada para el día siguiente;
no crea más que lo estrictamente necesario
para el momento presente.

Por consiguiente,
si nos ponemos con toda la confianza
en manos de su providencia,
hemos de descansar en la certeza
de que él nos dará todo lo que necesitemos.


Terner, ser y compartir

Vivimos en una cultura del tener.
Valoramos al hombre y a la al mujer
por lo que tienen, no por lo que son.
Tener es una palabra necesaria y peligrosa.
Hemos de pronunciarla frecuentemente en la vida,
pero, atención, debemos aprender a hacerlo
de una manera prudente y realista.

Sin tener algo es difícil ser,
teniendo mucho es casi imposible.

Difícil equilibrio:
tengo lo que necesito de verdad para ser
y me libero de aquello que me lo impide.

El problema del tener
es el problema de la identificación.
Yo tengo: nombre, apellidos, saberes,
estatus, cargo, dinero, poder…
De tanto decir "yo tengo", acabamos
equivocándonos y afirmamos "yo soy".

Se puede pasar la vida ambicionando el tener
y frustrado por no lograrlo.
No mitifiquemos a los pobres.
Pero es verdad que muchos de ellos,
teniendo muy poco, han logrado un ser
de estatura humana importante y asombroso.

El tener nos clasifica en la sociedad en que vivimos,
nos separa, nos defiende de los otros.
Cuanto más espeso y denso sea el tener
menos transparentará el ser.
Se convertirá en un muro,
con una alambrada espinosa que impide ver
lo que somos y llevamos en el corazón.
"Que mis hijos tengan… más que sean".

Es legítimo desear un nivel de vida
gratificante y seguro para aquellos a los que queremos,
sin olvidarnos de los que están más allá
de las fronteras de nuestro corazón.
Pero con esta pequeña regla:
Las necesidades de los míos antes que las de los demás,
las necesidades de los demás
antes que los caprichos de los míos.

El tener llena la casa, los bolsillos,
pero frecuentemente vacía el corazón.

No se trata, para paliar la invasión del tener,
de renuncias ascéticas,
sino de una cultura de la austeridad,
que hemos de promover y gozar en actitud solidaria.
El gozo del compartir nos permitirá pasar del tener al ser. Frecuentemente creemos que tenemos cosas
y en realidad somos tenidos por ellas;
casi diríamos esclavos de ellas.

Solidaridad-compartir es el nombre social del amor.
El destino universal de los bienes nos exige compartir.
La vida y la creatividad de cada uno pueden marcar diferencias concretas y visibles,
pero la apropiación indebida,
aunque esté autorizada por las leyes,
impide ese destino universal de los bienes
excluyendo a una gran parte de la humanidad
de lo que es patrimonio de todos.

Se puede compartir casi todo:
tiempo, dinero, saberes, salud, trabajo, etc.
Compartir no es sólo dar,
sino dejar que el otro y sus necesidades
entren en mi vida,
me salven de lo que poseo
y me hagan más pobre en el tener
para enriquecerme en el ser-con.
No cabe duda de que cuanta más gente sea invitada,
menor ración tocará a cada uno,
pero más relación se habrá establecido entre todos.
La felicidad tiene que ver con algo de eso.

No compartimos por ansia de seguridad a todo riesgo.
Se es maduro si se sabe convivir con la inseguridad: moderada en unas dimensiones de la vida,
más radical y grande en otras.

Compartir no equivale a dar de lo mío,
sino darse en lo mío hecho nuestro.

Compartir es un leguaje del amor
que se entiende en todas las lenguas;
practicarlo indica que hemos crecido
más allá de nuestros pequeños intereses
y que, al compartir,
no solamente damos algo a alguien,
sino que además le transmitimos
ese impulso justo y generoso
que le permita a él compartir a su vez con los demás.

José Antonio García Monje

El juicio de las naciones

Cuando este hombre venga con su esplendor acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono real y reunirán ante él a todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras, y podrá a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

-Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme.

Mateo 25, 31-36

P. Alcemos hoy en coro nuestras voces
para cantar con alegría
los gestos solidarios
que testimonian brillantemente entre nosotros
el corazón magnánimo y dadivoso de nuestro Dios.

A.¡Dichosos los que se olvidan de sí mismos
para mejor servir a los hermanos;
pues, en la salida y vaciamiento de si mismos,
-como ha mostrado Dios en la vida y muerte
de Jesús de Nazaret-
se inicia el camino de su plenitud y resurrección!

L1. Abraham vivía sin vivir en sí mismo:
atrapado por un sistema de acumulación
que aseguraba sus espaldas
mientras amarraba sus pies con cadena
de fuertes dependencias.
Abraham se veía a sí mismo como un pobre ser,
esclavizado entre la maraña de las cosas de la vida…
Hasta que un día acertó a oír en su propia conciencia la voz que lo invitaba a la libertad.

A.: ¡Dichosos quienes, como Abraham,
rompen con la estructura de acumulación!
Dichosos quienes logran “salir de su tierra,
de su casa, de su parentela”
abriendo sus puertas al aire de lo imprevisto y desconocido!
Porque la mayor miseria del hombre
está en vivir pendiente de su propia miseria!

L2. La presencia diaria del drama social,
fruto de la división
entre pobres y ricos, libres y esclavos,
integrados y excluidos
hervía como un volcán en la sangre de Moisés.
Pero un día escuchó el clamor de sus hermanos y, desprendido de su gloria personal,
emprendió con ellos la estrecha y angosta ruta
de la libertad.

A. ¡Felices los que, siguiendo la senda abierta por Moisés,
emprenden un radical desprendimiento
de sí mismos y de sus cosas,
queriendo responder al grito de los pobres
y de las víctimas de este mundo!
Porque el sentido de la vida
no lo da la acumulación de riquezas;
lo da el compartir solidario
con todos los seres de la creación.

L3. La sinagoga de Nazaret se llenó de expectativa cuando el hijo de José y María,
vecinos sin relevancia en el pueblo,
subió al estrado para leer la Escritura santa.
Entonces todos los ojos, fijos en él,
se fueron encendiendo en santa ira:
a la expectación siguió el guiño de ojos,
el balanceo de cabezas y el murmullo.
Con el murmullo creció tal indignación que acabó expulsando a Jesús de la asamblea.
¿Por qué cambia éste nuestro Mesías rey, sacerdote o gran profeta por un simple siervo?
¿Por qué ha de empezar la implantación del reino
por la gente de peor ralea?

A. Nos sentimos orgullosos y aplaudimos
esta apuesta del joven Jesús,
porque es una buena noticia de Dios
-pues en Jesús estaba el Espíritu-.
Mucha gente, siguiendo esta apuesta de Jesús,
está poniendo en serio peligro su vida.
Esto nos mueve a cantar con alegría y gratitud:
SANTO, SANTO, SANTO.
…………………………………….

P. Dios que nos llamas desde un mañana
que sólo a ti pertenece:
No permitas que las seguridades
que amarran nuestros pies
lleguen a borrarnos el fulgor de tu horizonte.

A. Envía a nosotros tu Espíritu
que nos enseñe a descubrir,
bajo el polvo del camino,
la huella que marcó Jesús
en este tierra de promesa y de gracia.

P. Se encarnó, se anonadó,
se vació de si mismo
hasta tal límite de “no tener dónde reclinar la cabeza”.

A. Compartió, se partió
y repartió todo él entre nosotros.
En su corta vida llegó a “amarnos hasta el extremo”.
Así lo quiso expresar en la Cena de despedida,
cuando TOMÓ EL PAN…
…………………………………………………….

P. Esta es la fuerza de nuestra fe
y éste es el reto para una humanidad con esperanza:
hacer una tierra para todos,
una sociedad sin exclusiones;
un mundo sin holocaustos,
una vida sin muertes no aceptadas.

A. Para eso, anunciamos tu muerte, proclamamos…

L4. Aunque nunca lleguemos a sembrarnos
como semilla en campo abierto,
ni lleguemos a empapar, como la lluvia,
la tierra reseca,
es hora de mirar a las víctimas de este sistema que
a nosotros protege
como Dios las mira,
como miembros de su única familia.

L5. Así como, sueltas las amarras,
el barco navega mar adentro,
en la austeridad con alegría
el corazón recupera su libertad.
Pero la felicidad plena,
aun cuando ofrezca todo lo que tengo,
me va a exigir un paso más: ofrecerme a mi mismo,
abrir las puertas de alma
por donde puedan entrar en mi vida los demás.
Ellos serán para mí la buena noticia que me salva.

A. Tuyos son, Señor, los campos
que hemos de cultivar;
tuya es la mies y tuyos son los mismos frutos.
A nosotros nos toca la alegría
de haber sido invitados a compartir;
y también aquella secreta cosecha que se revela
a quienes han decido
hacer de si mismos un ser abierto y gratuito.

P. En tus manos ponemos hoy, Señor,
nuestros muertos, (muertos que no se han perdido
sino que han muerto hacia ti).
Ponemos nuestra Iglesia, no siempre austera
y con entrañas de misericordia,
y nuestro mundo, sumido en permanente holocausto.
Ponemos nuestra tierra, ensangrentada
por las víctimas del desprecio y la indiferencia.
Y nosotros mismos que,
siguiendo las huellas de Jesús, tu testigo mayor,
queremos compartir nuestras cosas
abriendo el corazón a los demás.
Unidos a este mismo Jesús,
proclamamos que tú eres nuestro honor y gloria
Por los siglos de los siglos.

A. Amén. ¡Así es y así queremos que sea
hoy y todos los días de nuestra vida!