ANÁFORA DE LA ASCENSIÓN

Evaristo Villar

Celebraciones
– Autor: Evaristo Villar –
 

ANÁFORA DE LA ASCENSIÓN
TREXTOS PARA LAS LECTURAS
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
Aquí vino … y se fue
vino …., nos marcó nuestra tarea
y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros,
y tal vez las estrellas
no son más que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.

Aquí vino … y se fue.
vino …, llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos,
nos dejó unas herramientas….
y se fue.
Él, que lo sabe todo,
sabe que estando solos,
sin dioses que nos miren,
trabajamos mejor.

Detrás de ti no hay nadie. Nadie.
Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
Pero tuyo es el tiempo.
El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación.
Poema de León Felipe

Fue a ellos a quienes se presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, dejándose ver de ellos durante cuarenta días, les habló del reinado de Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó:
– No os alejéis de Jerusalén; aguardad a que se cumpla la promesa del Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, vosotros, en cambio, dentro de pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo.
Entonces los que se habían reunido le preguntaron:
– Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino para Israel?.
El contestó:
– No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha reservado a su autoridad. Pero recibiréis una fuerza, el Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, para ser testigos míos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo oculto a sus ojos. Mientras miraban fijos al cielo viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
– Galileos, ¿que hacéis ahí plantados mirando al cielo?. El mismo Jesús que se han llevado de aquí al cielo volverá como lo habéis visto marcharse.
Hechos. 1, 3-11

P. Venid, aclamemos al Señor con alegría, con esperanza
en la fiesta de la Ascensión de Jesús.
Porque, rotas las amarras que nos fijaban al muelle,
ya estamos navegando mar adentro.

Asamblea. Como la aurora que enciende la mañana,
como el silencioso despertar de la crisálida
Jesús entra en la Vida desde la vida.

L1. El se va pero se queda,
ausencia de una presencia fascinante,
presencia inefable de una ausencia.
Como el perfume que, generoso, se derrama
desde el manantial inagotable de la rosa.

Asamblea. Todo es presencia y todo es gracia
bajo la figura aparente de las cosas.
Misterio que, como semilla enterrada en el surco,
evoca y provoca el beso cálido y fecundo de la primavera.

.L2. Se va, pero se queda el que alza la nube a la altura
y, sobre la tierra sedienta, suelta las aguas del río.
Sus manos son recientes en la rosa,
está de corazón en cada cosa.

Asamblea. Todo es presencia, todo es gracia
entre la tierra y el cielo.
Vivir es este encuentro: él por el agua y por la luz
nosotros por la sed y el deseo.
La vida es madre de la Vida.

P. Agradecidos, Señor, a la vida que nos une a la Vida,
estremecidos por tu presencia queda en las cosas
te expresamos nuestra alegría cantando:

SANTO,SANTO,SANTO, SANTO…

P. Reunidos, Señor, en torno a esta mesa,
se nos agolpan los recuerdos:
Te vieron, con pesar, alejarte nuestros ojos;
nuestros oídos cargaron el mayor de tus encargos:
“seréis mis testigos hasta los confines de la tierra”.

Asamblea. Danos, Señor, ese tu Espíritu de vigor y de fuerza
que quisiste que fuera morada y signo de tu presencia.

L3. “No nos toca a nosotros señalar los tiempos
que Dios Padre y Madre ha señalado para implantar su reino”.
¿Para qué seguir mirando al cielo?
En la comunidad y en el compartir está nuestro “kairos”
La unión y el reparto universal
manifiestan tu presencia y tu gracia.

Asamblea. Envía sobre nosotros
ese tu Espíritu que nos unja, y,
como a Jesús de Nazaret, nos envíe a dar las buenas noticias.
Que nos alumbre la fe y que lleguemos a descubrir
en el pan y el vino el mayor signo del reino:

P. En la noche en que iba a ser entregado…

P. Proclamamos ahora tu muerte
y aclamamos tu resurrección /ascensión,
conscientes de que a cada instante
estás llegando a nuestro mundo.
Tú estarás con nosotros hasta la consumación de la historia.
Te confiamos ahora nuestras preocupaciones y esperanzas:

L4. Nos faltas, tú nos faltas, Señor de la Ascensión:
aunque te nombremos siempre, no estás con nosotros;
estás ente las nubes donde nuestra voz no alcanza;
como el sol tras la lluvia
no siempre logras encender nuestra oscuridad.
Eres como esa ciudad tras la montaña.

Asamblea. Y nosotros te necesitamos cerca,
necesitamos que estés con nosotros
para acompañar nuestras luchas
por la dignidad y la justicia, por la honestidad y la paz.

L5. Nos faltas, Señor, tú nos faltas.
No estás dentro de nosotros.
Sentimos el vacío como una boca hambrienta,
como un mar que se pierde en el infinito.
Si estuvieras en nosotros te hablaríamos
de las cosas que nos pasan:
del amor y del odio, de la alegría y de la pena,
de la vida y de la muerte. Te diríamos simplemente:
nos cuesta hacer comunidad, nos cuesta compartir…

Asamblea. Pero tú, cumple tu promesa, Señor.
Te necesitamos cerca para luchar contra
la pobreza y el hambre,
para atajar la violencia y rebajar los poderes altivos,
para ser un poco más respetuosos,
cuidadosos y humanos con todos.

L6. Tú nos faltas, Señor de las promesas:
No nos has dado este mundo para gozarlo,
sino para que lo hagamos palabra.
Y, una vez que ya el mundo tiene voz propia,
nos quedamos sin él como se queda sin capullo la crisálida.
Tú nos faltas en la Iglesia, en la historia, en nosotros mismos
¿Dónde has dejado tus promesas?

Asamblea. Pero más grande que tu ausencia
es la seguridad de tu presencia:
guarda nuestros corazones vigilantes,
da paz a nuestros muertos; acoge en ti las rosas muertas,
porque, con sus alas, han rozado nuestras vidas.
Dales en ti y desde ti todo lo que esperaron en Jesucristo
Nuestro Señor. Amén.