A propósito del Sínodo amazónico

Evaristo Villar

El Sínodo que se está celebrando en estos días en Roma (6 al 27 de octubre 2019) y cuyo tema es La Amazonia, Ecología integral: misión de la Iglesia, me suscita algunos interrogantes como los siguientes: ¿hay motivos para esperar un nuevo impulso de renovación espiritual en la Iglesia católica o la férrea coraza de su estructura acabará apagando este nuevo intento?

Es importante el eco que este evento está suscitando entre las capas sociales más conscientes y comprometidas en momentos que, como el actual, el contexto geopolítico no es precisamente prolijo en buenas noticias: arde el Planeta y sin haber salido aún de la crisis sistémica de comienzos de siglo ya se están dibujando nubarrones de la nueva que se acerca. En este contexto “preinvernal”, ¿será capaz de proyectar este Sínodo, en una gran parte de la humanidad, una “primavera” similar a la que siguió al Vaticano II y a la Conferencia de Medellín de los años sesenta del pasado siglo?

Algunas amenazas. La transcendencia de este acontecimiento se detecta no solo externamente en la oposición de los organismos financieros, económicos y políticos, sino también en el clericalismo interno que pretende descalificar doctrinalmente el Instrumentum laboris del sínodo como herético y panteísta, apóstata e insensato. A la vista de tales descalificaciones es indudable que su convocatoria no está pasando desapercibida para estos grandes lobbies de intereses privados. En el fondo, se trata de descalificar el magisterio del papa Francisco, expresado en documentos tan relevantes como la Evangelii Gaudium, Laudato Si o Episcopalis Conmunio donde, más allá de una “ecología verde”, el papa aboga por una “ecología integral”.

Los grandes aciertos
. Contrariamente a las descalificaciones, los aciertos de la convocatoria de este sínodo podemos concentrarlos en dos planos: el “lugar simbólico” elegido como referente y “la vida plena” que se dado como tema dominante.

1º Defensa de la Amazonia. Dejó dicho Gandhi que “la tierra es suficientemente grande para alimentar a la humanidad, pero pequeña para saciar la codicia de unos pocos”. El agronegocio y las grandes empresas mineras están confirmando en muchos lugares del planeta, y principalmente en la Amazonia, este aserto. Vale la pena recoger la descripción que organizaciones internacionales como la Rede Eclesial Panamazónica y Amerindia hacen de este espacio emblemático:

“La Amazonia es un territorio que se extiende a través de nueve países: Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Suriname, Guayana y Guayana Francesa. Tiene casi 8.000.000 Km2 que forman un bioma, eso es, un sistema vivo de interacciones orgánicas, esencial para el equilibrio del planeta. Cada metro cuadrado del bioma de la Amazonia tiene más diversidad que cualquier otro lugar del planeta. En esa región, viven 35 millones de personas, dispersas por la selva, las orillas de los ríos, por los campos y también grandes ciudades. De esa población, casi tres millones pertenecen a pueblos indígenas que intentan mantener sus culturas propias y hablan 340 idiomas diferentes. Ellos se relacionan armoniosamente con la naturaleza, con otros humanos y con Dios. Forman comunidades, agredidas en su conexión con la Tierra y en sus valores culturales y espirituales. La inmensa diversidad de vida (la biodiversidad) garantiza a todos alimentos, medicinas, aceite y otros regalos que ni siquiera se pueden calcular. El bioma regula la distribución de lluvia en todo territorio brasileño y aún por Uruguay, Argentina y Paraguay… Basta saber esto para darse cuenta de que la preservación y defensa de la Amazonía es fundamental para el equilibrio del clima del planeta”.

2º Defensa de la ecología integral. El empeño por sintonizar con una de las grandes sensibilidades de la sociedad informada actual, esto es, la defensa del planeta, es otro de los aciertos de esta convocatoria. La presencia de la juventud, siguiendo la llamada de la joven activista sueca medioambiental Greta Thumberg, está llenado nuestras calles y plazas. Pero, más al fondo, el sínodo en un intento de superar la lógica antropocéntrica, utilitarista y explotadora del planeta, apuesta por una “lógica ecocéntrica”, es decir, de respeto a “la vida integral” de la tierra y de la humanidad; no como entidades contrarias, yuxtapuestas o superpuestas, sino como supraorganismo vivo, inter-retro-conectado y portador sentido. La vida del ser humano no sería posible sin esta sinergia y conexión con el planeta tierra.

Otros temas también esenciales. Este motivo capital viene orquestado con otros temas que, sin ser centrales, son esenciales para mantener “la misión de la Iglesia” en la hora del mundo actual y la defensa de la ecología integral. Se trata, más allá del celibato (un carisma siempre importante en la Iglesia), del perfil del sacerdocio ministerial en relación con la Eucaristía, sustentado por hombres y mujeres capaces de mantener viva la comunidad cristiana. Dada la actual situación de la Iglesia católica, ambos temas, sacerdocio y celibato, serán objeto de debate y discernimiento en las sesiones del Sínodo. ¿Estarán sus decisiones a la altura de las expectativas que han suscitado?