FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN ARMADA. FORO SOCIAL DE SEVILLA 2007
Éxodo 87 (ener.-febr.’07)
Autor : Ángel Villagrá
Por la disolución de la OTAN
Entre las distintas corrientes o frentes de lucha que los Movimientos antiglobalización vienen desarrollando en el mundo, hay dos que están arraigando en los países europeos de forma especial: el ‘frente ecologista’ de carácter crítico-radical, es decir, aquél que, superando el horizonte meramente ‘conservacionista’, pone el punto de mira en el modelo mismo de producción y consumo; y el ‘movimiento contra la guerra’ que ha pasado del rechazo puntual, frente a tal o cual guerra (conflicto de los Balcanes, guerras de Oriente Medio, Afganistán, Palestina, etc.), a entender que la naturaleza de las guerras de nuestro tiempo está inserta en la lógica misma de Globalización neoliberal. La violencia militar organizada, las invasiones, las guerras desatadas bajo el eufemismo de lucha contra el terrorismo, son la expresión más brutal de un mismo, único y complejo proceso, el de la dominación neocolonial de los países imperialistas del Norte sobre los empobrecidos pueblos del Sur, es decir, el de la globalización capitalista. De ahí que los analistas más comprometidos hayan comenzado ya a caracterizar el fenómeno como un proceso de ‘globalización armada’.
En esa dinámica hay protagonistas de distinto nivel; pero todos los actores navegan al son de la misma música. La OTAN pertenece al primer nivel de protagonismo. Junto con el Banco Mundial, el G8, la OMC, y el FMI, forma parte de una arquitectura institucional que diseña y ejecuta la militarización del mundo al servicio de una maquinaria de beneficio y expolio que tiene siempre los mismos beneficiarios y el mismo tipo de víctimas; es un poderoso instrumento militar al servicio de los intereses de las grandes potencias occidentales y, con ellas, de las empresas transnacionales que en ellas han florecido. La OTAN ejemplifica, a las claras, la brutalidad de la globalización capitalista neoliberal que somete, expolia y empobrece a los pueblos y destruye la naturaleza.
En efecto, si bien la OTAN fue concebida, allá en 1949, como una alianza defensiva contra la URSS, en el marco de la llamada guerra fría, lejos de disolverse tras la desaparición del Pacto de Varsovia, se fue ampliando gradualmente hasta más que duplicar hoy el número de los países miembros originales. En la actualidad, engloba ya a 26 países, incluidos algunos que anteriormente pertenecieron al Pacto de Varsovia, como Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia y otros en las antípodas del Atlántico Norte: Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur y, próximamente, Israel. Del Atlántico Norte hasta el Pacífico Sur, cualquier zona del planeta puede ser objeto de su intervención.
Su evolución en los últimos
quince años ha tenido
consecuencias nefastas, a la
vista de todos. Así,
* la Alianza Atlántica se ha
afincado en Europa como
instrumento central de la lógica
imperial de Estados Unidos, que
la UE ha hecho propia,
sirviendo, entre otras cosas,
para asentar el proyecto de una
Europa fortaleza y de
mercaderes;
* ha desarrollado múltiples
operaciones de injerencia y
agresión: en la guerra de
Yugoslavia, donde ha llegado a
emplear armas radiactivas, y en
Somalia; en las actuales
campañas de limpieza étnica en
Afganistán y, secundariamente,
en el propio Iraq. A la vez, es
llamativo cómo no ha movido
un solo dedo para defender los
pisoteados derechos del pueblo
palestino, aunque sólo fuera por
razones humanitarias. Por el
contrario, la OTAN no ha
dudado en apuntalar las
posiciones del Estado de Israel
en ese espacio geográfico;
* ha propiciado un escandaloso
crecimiento del gasto militar, a
nivel conjunto y en cada uno de
los países miembros. El
presupuesto OTAN (alrededor
de 600.000 millones de
dólares/año) supone el 70% del
gasto militar mundial. Bajo esa
influencia, en España, el gasto
militar en 2007 alcanzará la
cifra de 23.052,07 millones de
euros (61 millones diarios), un
6% más que en 2006, lo que
representa en términos
presupuestarios 13 veces más
que el gasto en Agricultura,
18 veces más que en Vivienda,
26 veces más que en Sanidad,
32 veces más que en Cultura.
La investigación militar obtiene
el doble de inversión pública
que la investigación civil en las
universidades, y 5 veces más
que la investigación sanitaria;
* ha contribuido
significativamente al descrédito
del sistema de Naciones Unidas,
al menos desde que en su
reunión de Washington, en 1999,
decidió que «en adelante las
acciones militares OTAN no
tendrán por qué vincularse con
resoluciones específicas del
Consejo de Seguridad». Es decir,
la OTAN decide dónde, cuándo y
cómo interviene en el mundo,
siguiendo instrucciones del
Pentágono.
Por todo lo anterior, concluía el Manifiesto ciudadano de Sevilla, «sobran los motivos para reclamar la inmediata disolución de la OTAN y, con ella, el final de las guerras de agresión por ella acometidas al servicio de la globalización capitalista... y sobran razones para exigir que el Estado español abandone la Alianza Atlántica y que su gobierno proceda a denunciar los convenios de defensa hispano-norteamericanos y demande el desmantelamiento de las bases de utilización conjunta”.
La agenda de la Contracumbre
Siendo así las cosas, los movimientos de resistencia global no podían permanecer pasivos ante la cita de Sevilla donde los ministros de Defensa de los países OTAN anunciaban una cumbre para los días 8 y 9 de febrero, en la que se pretendía reforzar su presencia militar en Afganistán y diseñar nuevos frentes de intervención en un futuro próximo, especialmente Oriente Medio y África (Sudán).
Convencidos de que la OTAN es el brazo armado de la globalización capitalista, y de que sólo la rebelión de la ciudadanía puede detener esta locura imperialista, declaraban su veredicto en uno de sus comunicados: «Quienes estamos empeñados en crear condiciones para ese ‘Otro mundo posible’ que anhelamos, denunciamos en este final de 2006 lo mismo que ya afirmábamos en 1986: que la OTAN, lejos de las beatíficas misiones de paz que le atribuyen los gobiernos de turno, es una organización al servicio de la violencia y la inseguridad internacional, que actúa contra los derechos de los pueblos y frente a sus esfuerzos por vivir en paz, que sostiene un sistema socioeconómico de violencia global en el que unas minorías se aprovechan de los recursos de todo el planeta sumiendo en la miseria a la mayoría de la humanidad, que impide el tan deseado desarme nuclear y que es causa de la guerra global que nos amenaza».
Artículo completo en edición impresa. Pídela aquí

Búsqueda en Éxodo