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1. PREÁMBULO
Intervienen en la celebración: Presidente (Pr)
, Familia (padre , p; madre, m; hija
mayor, h1; hijo segundo, h2; hijo tercero,
h3; hija menor, h4), Acompañantes
(a1, a2, a3,); Narrador/a,
n; Equipo musical, em; Lectores (l1,
l2, l3, l4).
Se apagan todas las luces, se hace un breve silencio y todos los participantes
salen desde el lado izquierdo del altar, cada uno portando sus materiales
propios en la mano (cartel, vela de color, careta) y se sientan en el
primer banco mirando al altar, mientras suavemente se oye por los altavoces
el comienzo del primer movimiento (allegro moderato) de la Sinfonía
nº 8 en Si Mayor (Incompleta) de F. Schubert.
El narrador (n), desde el banco donde se ha sentado,
sube hasta el ambón y comienza el relato de la parábola.
Se va construyendo una escena en torno a la mesa del altar (mientras la
música sigue como telón de fondo) de este modo: al citar
el narrador al matrimonio, suben p y m
y se colocan de pie y con careta detrás de la mesa del altar (donde
lo hace normalmente el sacerdote). Luego, los cuatro hijos, también
con careta, según se les vaya nombrando: h1 y
h2 (lado derecho del altar), h3 y h4
(lado izquierdo). Con algún gesto visible, acompañan todos
el relato
La escena tiene que acotar imaginativamente diferentes espacios: el centro
(mesa de familia donde se desarrolla la acción principal) y los
aledaños (las gradas, donde se desplazan los personajes que, para
cumplir el guión, tienen que abandonar el centro).
El final (“Al terminar la parábola”) puede hacerse
de este modo: toda la familia, puesta en pie y mirando a la asamblea,
escuchan la sentencia del Maestro (“quien tenga oídos”),
hacen una venia al público y se quitan las caretas, quedando en
el mismo sitio donde están. La música siempre les acompaña
en off (ahora un poco más fuerte).
¿Qué has hecho de tus hermanos y
hermanas?
(n)La Plaza Mayor
se iba llenando de curiosos en esa apacible mañana de primavera.
Con la mochila repleta de libros a la espalda y el sueño aún
pegado a los ojos, los niños cruzaban la plaza silenciosos camino
del cole. El ruido del tráfico iba subiendo por momentos en las
calles de la ciudad, mientras algunos barrenderos, de amarillo y verde,
vuelcan en su carrito los últimos desperdicios del fin de semana.
Entre los arbustos del jardín el ruiseñor despliega aun
su última melodía.
Sentado en un banco de la plaza, el Maestro parece ensimismado. Entre
la fronda de los árboles, los primeros rayos de sol luchan por
hacerse presentes en la escena. Al levantar los ojos y ver a la gente
pendiente de su palabra, el Maestro comenzó a decirles esta parábola:
Juan y Lola
son una pareja madrileña feliz. Lola trabaja de enfermera en el
Clínico y Juan es mecánico en Metro Sur. Con dedicación
y esfuerzo, y algunas horas extraordinarias, han conseguido, durante los
treinta años de su unión, situarse en ese sector de clase
media donde no se pasan grandes agobios. Han puesto, además, mucho
esmero en la educación y crianza de sus cuatro hijos que han crecido
sanos y alegres en un barrio de la periferia, donde aún se podía
jugar en la calle.
Laura, la hija mayor, de carácter afable y acogedor, aunque
bien dotada para los estudios, tuvo que hacer Formación Profesional
por ayudar a su madre en las interminables tareas de la casa. La especialización
actual del trabajo y su nivel de preparación sólo le han
permitido contratos temporales, a tiempo parcial. Laura tiene pareja pero
no pueden vivir juntos dada la precariedad de sus respectivos trabajos.
Pablo, de carácter decidido y emprendedor, representa
la mayor apuesta de la familia por mejorar su posición social.
Ha finalizado brillantemente los estudios universitarios y no ha tenido
dificultad en conseguir un buen trabajo en una multinacional.
Iván, el tercero, no ha tenido la misma suerte que su
hermano, ni tampoco la naturaleza fue tan generosa con él. La Formación
Profesional en el instituto del barrio no le ha asegurado un empleo definitivo
de fresador, como él deseaba, y ha tenido que ir enganchándose
a cualquier chapuza que se le iba presentando. A veces apaga en la bebida
su depresión y su falta de esperanza en el futuro.
Con sus 13 años, Lorena, la más pequeña,
extrovertida y bien proporcionada, sigue siendo el corazón de la
familia. Pero sus salidas de fin de semana y sus protestas ante las tareas
domésticas comunes ya están siendo una fuente de preocupación
y de conflicto...
A pesar de estas pequeñas cosas, los padres se han mostrado siempre
orgullosos de sus cuatro hijos y, sobre todo, de tenerlos en casa, aunque
-por no haberse inventado aún la vivienda de los 25 o 30 metros
cuadrados- hace ya algún tiempo que ha empezado a inquietarles
esta situación. Desde muy pequeños les han enseñado
a preocuparse los unos por los otros y a desarrollar sus capacidades poniéndolas
al servicio de los demás. Los han educado para disponer por igual
de los bienes de la familia.
Deseosos de gozar de unos días de descanso
y aprovechando las jornadas que aún le quedan de vacación,
los padres deciden un buen día emprender un largo viaje.
Antes de partir, reunieron a los cuatro hijos y les dijeron: “Vamos
a estar ausentes unos días porque necesitamos descansar. Llevamos
mucho tiempo trabajando sin demora y estamos cansados. Pero vosotros,
entre tanto, quereos como hermanos y ayudaos mutuamente como os hemos
enseñado. No descuidéis vuestras obligaciones y ciudad entre
todos de los bienes de la familia y de la casa que es de todos...
No bien habían desaparecido los padres, los cuatro se ensimismaron
en lo suyo propio y se desentendieron del resto. Las relaciones se hicieron
tensas y saltó el conflicto el día en que Pablo
se alzó sobre los demás e intentó someterlos. No
pudiendo aguantarlo, Iván dio un portazo y desapareció
de casa. Lo mismo hizo Lorena que se fue a vivir con sus amigas.
Sólo Laura se sintió obligada a quedar en el hogar
y responsabilizarse de la casa.
Al cabo de pocos días volvieron los padres y, antes de acercarse
al portal, encontraron a Iván en la calle hecho una piltrafa,
sucio y con la mirada perdida, con el aspecto de haber estado durmiendo
en algún soportal o banco de la plaza. Subieron la escalera y,
al entrar en casa, se encontraron a Laura cansada y al borde
de las lágrimas. Cuando se acercaron a la sala de estar y vieron
a Pablo, cómodamente instalado, leyendo uno de los periódicos
que se acumulaban sobre el revistero y disfrutando del último estreno
de música habido en el Auditorio, le preguntaron muy tristes: “Hijo,
¿qué has hecho con tus hermanos?” Pablo
intentó en vano justificar su conducta, y, ante la mirada de reproche
de sus padres, que le penetró hasta el fondo del alma, agachó
la cabeza y sintió vergüenza de sí mismo.
Al terminar la parábola, el Maestro, mirando fijamente a los congregados,
les dijo: “Quien tenga oídos para oír,
que oiga”.
2. GESTO PENITENCIAL
Mientras se van apagando los últimos sonidos de la música
de Schubert, sube al ambón de la parte izquierda del altar el presidente.
Este se dirige a la asamblea del siguiente modo:
Pr. Ya lo hemos oído. La
voz del Maestro nos convoca y nos provoca. “Quien tenga oídos
para oír, que oiga”. No todos y todas estamos en la piel
de Pablo, es verdad, pero ¿quién puede estar seguro de tener
el corazón y las manos limpias? El dolor de los sometidos y excluidos
nos juzga. Condena nuestro tren de vida montado sobre la explotación
y el dolor de los pobres. Nuestro mayor bienestar se levanta sobre su
ruina y malestar. Hace ya tiempo que hemos dejado de ser hermanos y hermanas
en la misma humanidad. Y, quizás, hasta estamos ya perdiendo la
necesidad de cambiar.
Toda la familia. Nos impresionan,
Señor, tus palabras y nos avergüenza lo que estamos haciendo.
Hoy queremos arrepentirnos. Aunque no sepamos muy bien cómo hacerlo,
de una cosa sí que estamos seguros: ¡De que queremos cambiar!
Queremos ser unas personas y unas comunidades con las que nunca se pueda
contar para aumentar el dolor de los demás. Y desde ahora mismo
nos sumamos a esa otra humanidad que se muestra respetuosa y acogedora
con los y las diferentes, sometidos y excluidos.
Toda la familia baja y se queda en el banco donde ha dejado el cartel
y la vela de color. Se queda sólo el presidente.
Pr. Si esta disposición
es cierta, nos ponemos de pie para expresar en voz alta nuestro mayor
pecado: Dios nos ha proyectado para crear un mundo múltiple y variado
en paz y nosotros y nosotras lo hemos convertido en un mundo roto y en
guerra. Expresemos también nuestros deseos de cambio y la esperanza
que tenemos de alcanzar el perdón de Dios.
Tres lectores, que salen desde la asamblea, hacen tres peticiones de
perdón, desde el ambón de la derecha -contra la exclusión
de los diferentes (l1), contra la exclusión de
la mujer (l2), contra la aceptación natural de
las clases (l3)- a lo que la asamblea contesta con el
canto "Perdón, Señor, perdón"
L1. Un mundo roto entre las razas. Hay razas malditas
y razas que viven de la explotación. Por eso tantos hombres y mujeres
tienen que emigrar y hemos olvidado que el mundo se nos dio para que fuera
el hogar de todos. Y esto es culpa nuestra.
PERDÓN, SEÑOR, PERDÓN
(canto)
L2. Un mundo roto entre los géneros. La mitad
de la humanidad está condenada a ser la servidora de la otra mitad.
Quien nace mujer está maldita porque añade a todos su problemas
el ser menos. Y eso es culpa nuestra.
PERDÓN, SEÑOR, PERDÓN
L3. Un mundo roto entre las clases sociales. No todos
gozamos de las mismas oportunidades. No todos tenemos los mismos derechos.
¿De quién eres hijo? ¿Qué capital o hacienda
poseen tus padres? Si no tienes influencia no vas a ninguna parte. Y eso
es culpa nuestra.
PERDÓN, SEÑOR, PERDÓN
Pr. Que Dios Padre y Madre, que
en Jesús de Nazaret nos mostró un estilo, un modo de ser
con los demás, nos dé su Espíritu. Y que este Espíritu
sea en nosotros y nosotras gracia, perdón y fuerza para hacer de
un mundo roto, insolidario, egoísta y explotador un espacio de
encuentro, de respeto y fraternidad. Que el abrazo que ahora nos vamos
a dar sea entre nosotros y nosotras signo de reconciliación e invitación
a construir otro mundo posible donde reine la paz. Daos familiarmente
la paz.
Nos damos la paz, mientras cantamos: Shalom haberim,
Shalom haberim.
3. LLEGADA DEL ESPÍRITU
Mientras se va finalizando el cántico, n coloca
el cirio pascual en el centro del presbiterio y lo enciende.
Presidente, padres y los cuatro hijos/as se dirigen hasta el cirio pascual.
Llevan la vela de color en una mano y un cartel vuelto, colgado al pecho;
hacen un semicírculo en torno al Cirio pascual y van encendiendo
sucesivamente sus velas de color en el cirio pascual a medida que un lector/a
(l1), desde el ambón de la decha, va avanzando la lectura
de los Hechos de los Apóstoles, 2,1-12. Al encender la
vela en el cirio, dan vuelta al cartel donde aparece el don del Espíritu
que se quiere expresar (uno de los siete Dones del Espíritu Santo).
El encendido de la última vela coincide con el final del relato.
Entonces se escucha una música suave, el comienzo del segundo movimiento
(andante con moto) de la sinfonía Incompleta de Schubert, mientras
el presidente se acerca al centro del altar y proclama el evangelio del
Mandamiento Nuevo ( Jn 13, 34-35):
OS DOY UN MANDAMIENTO NUEVO: QUE OS AMÉIS
UNOS A OTROS;
IGUAL QUE YO OS HE AMADO,
TAMBIÉN VOSOTROS AMAOS UNOS A OTROS.
EN ESTO CONOCERÁN TODOS QUE SOIS DISCÍPULOS MÍOS;
EN QUE OS TENÉIS AMOR ENTRE VOSOTROS.
Todo la familia sigue con las velas encendidas y el cartel al pecho haciendo
corro en torno al cirio.
4. LOS TRES SÍMBOLOS DE PENTECOSTÉS
• Lenguas de fuego
(l2, desde el ambón de la derecha):
Curioso y pintoresco episodio éste de las
lenguas de fuego. ¿Os imagináis a todas las personas con
Espíritu portando una lengua de fuego sobre la cabeza? Sin embargo,
sí que sabemos reconocer fácilmente a estas personas, sin
otro signo visible que su modo de ser, su talante, su alegría y
esperanza, su ternura y misericordia con las y los desvalidos.
Presidente y la familia se acercan al altar y depositan sobre el mismo
las velas encendidas y cuelgan los carteles en el mismo altar cara al
público. La familia se vuelve ahora al banco donde ha estado sentada
antes; el presidente continua delante del altar. Se encienden todas las
luces y el presidente ora de este modo:
Pr. Junto al rumor y el viento,
la luz y el fuego,
símbolos del Espíritu,
siempre aparecen asociados a la vida.
Juan evangelista lo descubrió muy bien, cuando,
reflexionando sobre la asombrosa vida de Jesús,
intuyó que, desde el principio,
“en él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”.
Jesús mismo había proclamado: "Yo soy la luz del mundo,
y quien me siga non andará en tinieblas, sino que tendrá
luz de vida”.
Acepta, Señor, en estas siete
luces,
los dones que, a través de tu Espíritu,
has derramado en nuestras vidas: don de Sabiduría y Entendimiento,
don de Consejo y de Ciencia,
don de Fortaleza, de Piedad y de Amor a Dios.
Por JCNS
• Claridad de lenguas
(l2, desde el ambón de la izquierda):
El segundo gesto que vamos a realizar es el de
la claridad de lenguas como contraposición a la confusión.
En el relato de Pentecostés todos los apóstoles y extranjeros
hablan diferentes lenguas y todos se entienden. No nos referimos ahora
al pluralismo lingüístico, que es una riqueza del acervo cultural
de la humanidad. Es una riqueza plural y multiespiritual de la humanidad,
aunque a veces nos cause problemas de comprensión. Hoy nos referimos
principalmente a la dificultad que tenemos para entendernos en la misma
lengua cuando queremos expresar diferentes cosas con las mismas palabras.
Detrás están, lo sabemos, nuestras ideologías, nuestros
intereses. La gran confusión salta a la vista cuando aplicamos
palabras opuestas a la misma realidad.
Haremos aquí una proclamación profética, con fuerza
y decisión, de las cuatro palabras que, a nuestro juicio, deben
expresar lo que es y debe ser el mundo para nosotros y nosotras.
Cuatro personas, saliendo desde la asamblea, proponen estas cuatro palabras:
* REPARTO de los recursos de la tierra entre los pueblos.
(Desde el ambón de la derecha, grita con fuerza esta propuesta
y la asamblea la repita también con fuerza)
Asamb. ¡No queremos la desigualdad
entre el Norte y el Sur!
* INTEGRACIÓN de los emigrantes que llegan a
Europa de otras culturas.
(Desde el ambón de la izquierda; la asamblea repite).
Asamb. ¡No queremos la exclusión!
*IGUALDAD entre mujeres y hombres.
(Desde el ambón de la derecha. y la grita, como hará la
asamblea).
Asamb. ¡No queremos la sumisión
de la mujer al hombre!
* ECONOMÍA social y justa
(Desde el ambón izquierdo, la grita y responde la asamblea).
Asamb. ¡No queremos explotación,
ni recorte de derechos!
Pr. Que el reparto, la integración,
la igualdad
y una economía social y justa
sean desde hoy y para siempre, Señor Jesús,
las huellas de tu reino entre nosotros y nosotras.
Tú que vives hoy y siempre por los siglos de los siglos.
• Imposición de las manos
(l3 desde el ambón de la derecha):
La imposición de las manos es un rito muy
antiguo, utilizado en el judaísmo, en otras culturas arcaicas y
en el cristianismo, y se usaba principalmente para bendecir. En el Antiguo
Testamento aparece en reiteradas ocasiones. Por ejemplo, Aarón
bendice al pueblo imponiéndole las manos, Moisés impuso
las manos a Josué para transferirle el mando del pueblo. El Nuevo
Testamento nos presenta a Jesús imponiendo las manos a la hija
de Jairo para resucitarla, a los enfermos y enfermas para curarlos, a
los niños y niñas para bendecirlos. En la liturgia cristiana
es el gesto más importante que se hace durante la administración
de algunos sacramentos como el bautismo, la confirmación, el orden.
Los apóstoles lo practicaron como signo de transmisión del
Espíritu.
Se trata, pues, de un gesto portador de vida, en el que se simboliza la
transmisión de todo lo bueno y santo, de todo lo divino y lo mejor
que encierra el ser humano.
Vamos a imponernos unos a otros las manos sobre la cabeza, siendo los
unos transmisores del Espíritu de Jesús hacia los otros
sin distinción de género, etnia o categoría social.
Lo hacemos así: los que estáis en los bancos impares,
os volvéis hacia el que tenéis detrás y os imponéis
mutuamente las manos mientras toda la asamblea canta:
OH SEÑOR, ENVÍA TU ESPÍRITU
QUE RENUEVE LA FAZ DE LA TIERRA.
5. ORACIÓN COMUNITARIA
Pr. Señor, Dios nuestro,
que nuestra oración
no pretenda ser hoy una evasión.
Que sea un eco de las necesidades y aspiraciones de nuestros hermanos
y hermanas
inmigrantes, mujeres maltratadas
y de todos los excluidos y excluidas.
Pon sinceridad y valor, pon ternura y cordialidad
en nuestros labios para que todos y todas
puedan entender y creer
que, cuando sientan su herida sangrar
y cuando sientan su voz sollozar,
sepan que pueden contar con nosotros.
L4. Te pedimos por todos los que,
víctimas de la globalización neoliberal, vienen buscando
a nuestro mundo la dignidad perdida en su tierra. Para que sepamos acogerles
e integrarles en nuestra vida, OREMOS AL SEÑOR.
L1. Te pedimos por las mujeres
maltratadas y humilladas. Para que lleguemos a construir un mundo entre
iguales, sin discriminación de razas ni género, ROGUEMOS
AL SEÑOR.
L2. Te pedimos por todos los excluidos
de nuestro entorno más inmediato. Para que en ese otro mundo posible
por el que luchamos logremos establecer y respetar la perfecta igualdad,
ROGUEMOS LA SEÑOR.
(Oraciones espontáneas)
Pr. Señor, Dios nuestro,
Padre y Madre de todos,
Sostén nuestra esperanza y permite que allí donde estemos,
a pesar de nuestras diferencias, podamos reconocernos siempre como hermanas
y hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.
6. NUESTRA OFRENDA
h1 va al fondo de la iglesia para organizar la procesión
de las ofrendas: algunos elementos simbólicos junto al pan y el
vino .Mientras, H2 presenta los motivos de la colecta.
Durante la colecta, la asamblea canta:
No se puede sepultar la luz,
no se puede sepultar la vida,
no se puede sepultar a un pueblo
que busca la libertad.
Como estrellas siempre vivirán,
porque aun muertas seguirán viviendo,
porque el pueblo nace cada día,
caminante de la verdad.
CANTARÁN POR LOS CAMINOS
Y SU VOZ RESONARÁ
A LO LARGO DE TODA LA HISTORIA
COMO UN ECO QUE SIEMPRE SE OIRÁ.
A LO LARGO DE TODA LA HISTORIA,
DESAFÍO QUE NO ACABARÁ.
No podrán amordazar su voz
porque es fuerte el grito de los hombres
que se unen como un arco iris
en abrazo de mar a mar.
Y si no, las piedras gritarán
la invencible causa de los pobres,
la esperanza de una tierra justa
que amanece con ansiedad.
CANTARÁN POR LOS CAMINOS...
Pr. “Bienaventurados, escribía
el cardenal Suenens, aquellos que sueñan sueños y están
dispuestos a pagar el precio de hacerlos realidad”.La ofrenda expresa
la riqueza
y variedad de nuestros sueños con los que construimos hoy el mundo
que deseamos para mañana.
Porque estamos convencidos de que más pobre que quien no tiene
un duro es quien no tiene un sueño con el que hacer el futuro.
Desde el fondo de la capilla, y ordenada por h1, se
hace la procesión de ofrendas por este orden y dejando espacio
entre unos y otros: h3 lleva hasta el altar las bolsas
de la colecta, le siguen las o los portadores de los diferentes símbolos
y finalmente el pan y el vino.. Cada grupo puede decir unas palabras al
presentar su ofrenda. Al acabar la presentación de las ofrendas,
la asamblea canta:
El Espíritu de Dios llena la tierra.
El Espíritu de Dios colma los mares.
El Espíritu de Dios inunda el cielo.
El Espíritu de Dios puebla las calles.
El Espíritu de Dios está en nosotros
con su fuerza y con su amor inagotables.
DIOS ESTÁ EN EL MONTE, DIOS ESTÁ
EN EL VALLE,
DIOS ESTÁ EN EL VUELO QUE HAY EN CADA AVE.
DIOS ESTÁ EN LA LUZ, DIOS ESTÁ EN EL AIRE,
DIOS ESTÁ EN LA PIEL, DIOS ESTÁ EN LA CARNE.
DIOS ESTÁ EN EL ALMA PORQUE EL ALMA SABE
QUE DIOS ES AMIGO Y QUE DIOS ES PADRE.
QUE DIOS ES AMIGO Y QUE DIOS ES PADRE.
El Espíritu de Dios está en los niños.
El Espíritu de Dios está en las madres.
El Espíritu de Dios está en los pobres,
porque sólo la pobreza te hace grande.
El Espíritu de Dios está en aquellos
que en espíritu y verdad saben amarle.
DIOS ESTÁ EN EL MONTE, DIOS ESTÁ
EN EL VALLE...
El Espíritu de Dios está en aquellos
que reclaman la justicia con coraje.
El Espíritu de Dios vive en la gente
que ve signos de Dios en todas partes.
El espíritu de Dios habita en todos
los que creen en su amor y en su mensaje.
DIOS ESTÁ EN EL MONTE, DIOS ESTÁ
EN EL VALLE...
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7. ANÁFORA
Pr. Te damos gracias,
Padre Santo,
Dios justo y misericordioso,
porque la esperanza que en ti ponen los pobres
no ha sido ni será defraudada.
Tú eres la fuerza de los débiles,
el Dios liberador, el Dios que salva.
L1. Te damos gracias por tu Hijo
y hermano nuestro, Jesucristo,
que puso su vida al servicio de los cansados
y angustiados.
A. En él
se cumplieron tus promesas;
él abrió los ojos ciegos y los oídos sordos,
proclamó liberación a los cautivos y oprimidos
en este tiempo de gracia del Señor.
L2. El es el signo
visible de tu reino.
A. Al pasar de
este mundo a ti,
a través de una muerte injusta,
venció a la misma muerte en su dominio
y consiguió la liberación total.
Pr. Por todo ello,
unimos nuestras voces
a la humanidad que tú amas
para cantar el himno de tu gloria:
SANTO, SANTO, SANTO (Misa
salvadoreña)
......................................................
Pr. Dios nuestro, Padre y Madre
de los pobres,
de los reducidos al silencio,
de los inmigrantes sin papeles,
de los trabajadores y explotados y
de las mujeres sometidas:
envía tu Espíritu en medio de nosotros,
ese Espíritu que guió a Jesús por la historia
que en el día de hoy se derramó
como un torrente sobre todos sus seguidores.
A.. Que él
transforme la pobreza de nuestros dones
en pan de vida y vino de salvación,
para que podamos celebrar al Pascua del Señor
Pr. El que, la
noche en que iba
a ser entregado, tomó pan ...
.........................................
Pr. Al recordar la muerte de Jesús
y su resurrección liberadora,
anunciamos al mundo la esperanza segura
en la salvación de nuestro Dios.
L3. Acepta, Padre
y Madre,
nuestro deseo de superar el mal,
y nuestra solidaridad y ternura
con los necesitados de pan,
de trabajo y de libertad.
A. Acuérdate
de quienes
han tenido que dejar su hogar vacío
y reemprender su vida entre extraños
y a veces enemigos.
Acuérdate de los que están en cárceles
o en el destierro,
de los marginados por el miedo o la ignorancia
y de todos lo pobres, excluidos y enfermos.
L1. Da fuerza a
los débiles
y confianza a los desesperados.
A. Acuerdate de
los que murieron
ofreciendo su vida
por un mundo más humano y más justo.
Danos a tus comunidades luz y fortaleza
para no doblegarnos ante los fuertes
y llevar tu consuelo y salvación
a los humildes.
Por él, con él y en
él
queremos darte gracias y alabarte,
y en unidad del Espíritu Santo
celebrar la alegría de tu salvación
por los siglos de los siglos. AMÉN.
8. COMUNIÓN
* Padrenuestro
* Cantos:
Cuando el pobre nada tiene
Una ciudad para todos
9. DESPEDIDA
* Mensaje final
* Canto: Habrá un día en que todos
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